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Cuando nadie quiere liderar una banda (y el proyecto se rompe)

 

En teoría, el frontman es la cabeza de una banda.
Quien da la cara, comunica, toma decisiones y marca el rumbo.

En la práctica, muchas bandas están llenas de frontman de cartón: personas que aparentan liderar por imagen, por ser el vocalista o por estar al frente del escenario, pero que desaparecen cuando hay que tomar decisiones incómodas.


Una experiencia real

En una ocasión, mi banda consiguió tocar en la convención TNT de cómics gracias a un contacto del baterista. Semanas antes del evento, el guitarrista co-líder abandonó el proyecto. A dos semanas del show me tocó cubrir ambas guitarras y la voz, algo para lo que claramente no estaba preparado.

El bajista hizo arreglos sólidos para cubrir huecos. Todo iba contrarreloj. Tres días antes del evento, me enfermé y perdí la voz casi por completo. La solución fue improvisada: la novia del baterista cantaría las partes limpias y el bajista se encargaría de las guturales.

El setlist se armó de último momento, sin consenso real.


El momento crítico

Llegó el día.
Éramos una banda poco conocida, con poca gente frente al escenario. Nadie tomó la iniciativa para arrancar el show. Tras unos segundos incómodos, decidí hacerlo yo.

Fue un error.

Intenté presentarnos con la garganta cerrada. Apenas logré decir unas palabras antes de que un sonido desagradable se atravesara. Varias personas se fueron. El ambiente se rompió desde el inicio.

El show pasó sin pena ni gloria.
Al final, fue el bajista quien cerró la presentación.


Lo que realmente falló

No fue la técnica.
No fue el público.
No fue el evento.

Falló el liderazgo.

En la primera alineación de la banda intenté asumir ese rol. Las discusiones por detalles —idioma, sonido, técnica— provocaron que dos miembros se fueran.
En la segunda alineación, dejé el liderazgo al bajista y al baterista. Para ellos no era una prioridad. El proyecto se diluyó.

Una banda sin alguien que asuma decisiones reales no avanza, aunque haya talento.


Reflexión

Hoy trabajo solo. Compongo, produzco y publico música por mi cuenta. No tengo músicos fijos ni presupuesto para tocar en vivo.

Duele, pero también aclara algo importante:
no todas las personas que disfrutan tocar música quieren construir un proyecto musical.

En muchos contextos —especialmente fuera de mercados grandes— la mayoría prefiere lo seguro. No es un defecto, es una realidad.


Cierre

En una banda:

  • la amistad no sustituye la claridad

  • el talento no reemplaza el compromiso

  • y la música debe ir primero

Si nadie quiere liderar, el proyecto no se cae de golpe.
Se apaga lentamente.

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