Hubo una vez dos presentaciones el mismo día, en el mismo lugar y con la misma banda. Una por la mañana y otra por la tarde.
A falta de guitarristas, me llamaron para completar el grupo con apenas dos ensayos previos en la semana.
En la presentación de la mañana todo salió “correcto”.
Sonamos bien, ejecutamos con precisión y no hubo errores graves. Sin embargo, la reacción del público fue mínima. Un par de aplausos educados, algunas felicitaciones y nada más. Terminamos, guardamos los instrumentos y nos fuimos a comer.
Por la tarde la historia fue distinta.
Estábamos cansados, menos concentrados y técnicamente no tocamos mejor que en la mañana. Pero algo cambió: dejamos de preocuparnos tanto por la perfección y empezamos a movernos, a interactuar, a disfrutar el momento. Saltamos, improvisamos gestos, conectamos entre nosotros en el escenario.
El resultado fue inmediato.
Aunque tocábamos canciones que el público no conocía, la gente respondió con más energía, se acercó al final del show y varios pidieron información para futuras presentaciones y eventos. No por la técnica, sino por la experiencia.
(Nota: solo se acercaban a mí para pedir los datos. Tuve que declinar, ya que el resto del grupo tocaba solo por compromiso y no tenía interés en continuar tocando en otros lugares).
La lección
En un show en vivo, la mayoría de las personas no va a evaluar tu ejecución técnica nota por nota. Va a desestresarse, a pasarla bien y a sentir algo distinto a su rutina diaria.
Eso no significa tocar mal a propósito.
Significa entender que la música en vivo no es un examen, es una experiencia compartida.
La técnica se trabaja en el ensayo.
El escenario es para comunicar, disfrutar y conectar.
Si te equivocas:
-
escucha
-
acóplate
-
recupérate
-
sigue adelante
El show no se detiene por un error, pero sí puede morir por falta de energía.
Cierre
Ensaya para perfeccionar.
Toca en vivo para las personas.


