El metal, el género con más subgéneros dentro de la industria musical, atraviesa una clara caÃda en popularidad.
Nació como una respuesta a lo comercial y se ha mantenido vivo gracias a bandas y artistas que han apostado por la calidad artÃstica antes que por las tendencias.
Sin embargo, tanto bandas nuevas como artistas consolidados coinciden en algo: cada vez es más difÃcil vivir de la música.
De negocio rentable a carrera de resistencia
Antes de internet, el modelo era claro.
La venta de discos (cassette y CD) permitÃa a los artistas mantenerse económicamente, incluso con pocas o nulas presentaciones en vivo.
Pero ese modelo fue cayendo por etapas:
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La desaparición del cassette y el CD
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La llegada del MP3 y el intercambio de archivos (Ares, LimeWire, etc.)
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El golpe de iTunes
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Y finalmente, el modelo actual de streaming con Spotify
Aquà llega la estocada final: el pago por reproducción, que se divide entre artista, disquera, distribuidor y plataforma.
Millones de reproducciones terminan convirtiéndose en una propina, obligando a las bandas a salir de gira para sobrevivir, dependiendo de boletos y mercancÃa.
El problema de los conciertos y las boleteras
A esto se suma el papel de las boleteras como Ticketmaster, que han incrementado los precios de los boletos de forma desmedida.
Es difÃcil creer que ese aumento beneficie realmente al artista.
Ver a tu banda favorita se ha vuelto un lujo, y por eso los festivales se han convertido en la opción “más rentable” para el fan: pagar un precio alto, pero ver muchas bandas en un solo evento.
Paradójicamente, para muchas bandas que no son estelares, tocar en festivales no deja ganancias suficientes.
De hecho, muchos artistas que aparecen de media tabla hacia abajo en los carteles mantienen trabajos normales, porque el proyecto no es autosustentable.
El público también es parte del problema
Otro factor importante es la resistencia del público a aceptar artistas nuevos.
Los proyectos emergentes son los que cobran menos, pero también los que más trabajo tienen para atraer audiencia.
Al mismo tiempo, las bandas consagradas enfrentan dificultades para llenar conciertos debido al alto costo de los boletos y a un público cada vez más selectivo.
M. Shadows, vocalista de Avenged Sevenfold, ha mencionado en varias ocasiones que el perfeccionismo extremo está matando la esencia de las canciones, y que salir de gira es cada vez más complicado: costos más altos, ganancias más bajas.
¿Quién sà gana?
Mientras tanto, distribuidoras, plataformas, boleteras y compañÃas tecnológicas se mantienen a flote gracias a un ejército de artistas intentando crecer.
Muchas bandas, aun con música de gran calidad, terminan cediendo por falta de estabilidad económica.
El dinero no lo es todo… pero cómo duele cuando no alcanza.
Y como si no fuera suficiente, ahora se suma la música generada con IA y la creación de “artistas” artificiales, aumentando la competencia y dificultando aún más que un proyecto humano logre sobrevivir siquiera un mes más.
Entonces… ¿el metal está muerto?
No.
Pero sà está siendo asfixiado.
Si queremos que el metal, el rock y la música que nos acompaña dÃa a dÃa no desaparezcan, hay que mover la balanza, aunque sea un poco, desde nuestro lugar.
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Si tienes dinero, ve a los shows
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Si no, no pasa nada
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Cuando veas un artista independiente en tu feed, dale una oportunidad
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Y si no te gusta, no lo ignores: compártelo para que llegue a su público real
AsÃ, los artistas y la música hecha con intención pueden seguir en el juego, resistiendo un sistema cada vez más hostil y una industria llena de intermediarios que viven de exprimir al creador.

